ADVERTENCIA. Trastorno de la conducta alimentaria

No he sido muy constante con el blog, pero también os habréis fijado que he estado desaparecida de todas las plataformas sociales. Han pasado muchas cosas y me encantaría usar mi perfil para contarlo, ayudarme a mí misma y, sobre todo, poder ayudar a otras personas.


Es probable que sea el comienzo de una nueva etapa en la que me muestre tal y como soy y sea un libro abierto. Da mucho respeto, pero el beneficio futuro supera este miedo.


Empecemos yendo al grano y sin rodeos, la realidad es que llevo 3 años bajo el control de un trastorno de la conducta alimentaria. Todo empezó con el simple propósito de establecerme rutinas, objetivos y restricciones alimentarias de aquello que consideraba "malo". Este pensamiento vino porque notaba que estaba pasando la vida y que no controlaba nada; y al ser una persona perfeccionista, decanté todo este autocontrol en la alimentación, pero de una manera muy heavy.


Y no malinterpretéis, siempre me ha apasionado la alimentación y el deporte. En mi familia siempre hemos sido deportistas y nos gusta comer bien para sentirnos bien. No obstante, me dejé influenciar por los cuerpos perfectos de las redes sociales, mitos sobre ciertos alimentos y me encerré en una rutina exigente.


Con esta rutina, creía que me encontraba bien, que me convertiría en mi mejor versión, una que me gustara, y así ver que algo que yo controlaba había salido bien. Pero ese extremismo me llevó a perder el contacto con la vida, conmigo misma y mis relaciones. Llegué a tal punto que mi salud física y mental estaba literalmente por los suelos.


Cada vez esos sentimientos de baja autoestima, falta de energía y soledad empezaban a hacerse más y más intensos, pero no lo relacionaba con la comida o falta de peso. Pensaba que yo había crecido internamente y que no me comprendía la gente de mi alrededor. Y todo ello llevó a que perdiera el contacto con mi familia y mis amigas.


Durante ese tiempo sí que era consciente que estaba baja de peso. Venían rachas que me proponía mejorar, comer más y sanar esta relación con la comida, pero luego el pánico de engordar me daba fuerte y volvía a recaer.


Depresión, ansiedad... era mi día a día. Mi entorno no paraba de decirme que si me pasaba algo, que pidiera ayuda. Yo les decía que ya estaba bien y que ahora de verdad quería recuperarme, pero la realidad era que seguía teniendo esa venda en los ojos y esa distorsión en mi cuerpo cuando me miraba en el espejo.


Mi vida estaba en riesgo, cada día era una tortura, no podía más, no tenía energía para nada (no podía ni subir las escaleras de mi casa), pero no sabía como salir de ahí. Una parte de mi quería, pero la otra le decía lo contrario.


Hasta que la situación fue insostenible y un día abrí los ojos a marchas forzadas, se diría que por obligación, pero es la cosa que me han obligado hacer de la que más estoy agradecida. Una mañana de septiembre del 2021, profesionales me dijeron que si no ingresaba en ese mismo momento en el hospital, me iba a morir.


El pánico de que esto me pudiera pasar con solo 22 años me dejó muy marcada y todavía me pone la piel de gallina cada vez que lo recuerdo. Me entró el miedo y no quería ir, pero una vez ingresé en el hospital sentí el peso más pesado que tenía encima se iba. Por fin alguien me iba a obligar, siendo claros, a comer todo aquello que yo tenía miedo de comer y yo no tener la posibilidad de mentir o ocultarlo.


Y aquí es cuando comenzó mi proceso de recuperación. Un camino muy largo y muy duro en el que casi cada día continúa siendo una batalla con tu mente para superar el TCA. Pero esta vez con una mentalidad totalmente diferente. Todavía es un tema sensible para mí, pero estoy intentando mejorar y aceptarlo día a día.


Quiero vivir otra vez!


Y si compartiendo esto puedo ayudar a otras personas, seré la persona más feliz. Poder ayudar a otras personas a salir del TCA y ahorrarles tiempo de sufrimiento y oscuridad. Quiero ayudar a mostrar cómo sí que es posible salir.


Y finalmente, estoy muy agradecida por todas las personas que me han apoyado y no se han alejado de mí, a pesar de que yo si que lo hiciera de ellas.